Sería un viaje
largo y difícil. Pero los postulantes eran muchos. Sin embargo, la decisión
estaba tomada: solo se arriesgaría un par de vidas. Durante los espesos meses
de entrenamiento, una indispensable cortesía permitió convivir entre tanta
competencia. Finalmente, la dirección aprobó cuatro candidatos. «Sois igual de
válidos», explicó el director del proyecto, «y vosotros escogeréis a los
elegidos». Los cuatro se miraron. Alguien dijo: «echémoslo a suertes». «Mejor
una prueba de resistencia», respondió otra voz. «No, una carrera», se oyó. «Me
parece bien la carrera», sentenció el último, «entre nosotros tres. Es lo
lógico en un salto a lo desconocido como este». Y en el primer viaje tripulado
a Marte, los astronautas fueron un hombre y una mujer.
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martes, 26 de febrero de 2013
(313) Punto de vista
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(312) Julia
Era mi abuela. Nació con el SXX y tuvo la suerte de ir al
colegio pero no pudo seguir estudios superiores. Siempre animó a las mujeres de
la familia a seguir estudiando. No aceptaba el desánimo ni el abandono, tampoco
la apatía ni el conformismo fácil.
El matrimonio
desequilibrado le parecía que tenía todos los boletos en el sorteo del fracaso,
por eso insistía que se entendían mejor dos universitarios que uno y una
analfabeta. “No hace falta estudiar Psicología para saber eso”, decía.
Consiguió ser “la mamma” del clan hasta sus
últimos días. Los vecinos le consultaban sus problemas, los amigos le querían,
la gente le respetaba. Mi abuelo murió enamorado. ¿Qué escuela enseña eso?
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