Concurso patrocinado por el Hotel Mar Menor de Santiago de la Ribera
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miércoles, 27 de febrero de 2013

(338) El contraluz de tu mirada


El contraluz violeta de tu mirada se clava en el teleobjetivo de mi alma. Quién pudiera adentrarse en la profundidad de campo de tu lente y filtrarla en rojo y perderse en la distancia focal de tu diafragma.
Soy micrófono cardioide en busca de tu reverberación, quién fuera omnidireccional para captar tu todo. Fundir mi eco con tu impedancia y tender un cable, largo como el mar, conectado por Jack a tu mesa de mezcas; apropiándome del ecualizador de tus labios; fundiéndome en el master de tu disco duro y creando la más bella melodía que jamás se haya oído.

(337) Ser mujer


Provengo de un embarazo ‘’especial’’. Hasta los ocho meses no sabían el sexo del bebé que mi madre esperaba. Mi madre creció principalmente entre hombres y siempre quiso tener una hermana mujer. Aunque mi madre quiere ser muy imparcial, sé que deseaba traer una niña al mundo, ya era madre de dos varones. Igual que se vio reflejada en sus niñitos quería experimentar crecer con una niña. Siempre dice que desde el primer momento que sintió que estaba embarazada sabía que era niña; no sabe describir por qué, pero tenía la certeza y acertó. Y la casa se revolucionó.  Y los principitos de la casa tuvieron que compartir su trono con la nueva princesita y más tarde con otra princesita…

(336) El sauce


Él al lado de ella, en ese banco que nadie arregla. El sauce acaricia la sombra, tímido roce de vaqueros. Pulgar en el teclado, un mensaje de ella: yo te quiero, respóndeme. Él sigue virtualmente jugando.

Desde la habitación de su casa, él la llama, desconsolado.

- No me he dado cuenta cuándo te has marchado, pero he terminado ya el juego, ¿podemos quedar mañana en el mismo banco?

- No, cariño, sigue jugando.

El sauce no puede soportar las lágrimas. Ya sabemos por qué sigue llorando.

(335) Mi día a día


Estoy cansada de creerme como una tonta que vivo bien, que soy feliz con lo que tengo, que no me falta de nada…Y sí, me faltan cosas… y quizás sean las fundamentales para conseguir la felicidad plena. Me falta cariño y seguridad. Me falta sentirme bien… y sinceramente creo que no me merece mucho la pena pensar que mañana todo cambiará… porque no es así…mañana todo seguirá igual que hoy, incluso empeorará. Seguiré sintiéndome mal, sola... y todo seguirá su camino. Sin embargo sé que tampoco merece la pena vivir acompañada y a la misma vez sentirte sola. Por eso únicamente me queda pensar que esta vida es absurda y que tal vez sea yo que no sé vivirla.

(334) Ella


Ella no hubiera necesitado aquella muñeca a la que parecerse. Ya puestos, tampoco hubiera sido necesario aprender el doble para terminar siendo la mitad de valorada. Hubiera preferido no haber necesitado estar siempre perfecta. Se ríe al reconocer que no necesitaba demostrarle a nadie que era la más hacendosa o la madre más abnegada. Nunca necesitó ninguna bofetada para saber cuál era su sitio.
Hoy sabe que lo que de verdad necesitó, fue de mucho coraje para dejar de ser lo que todos creían que debía ser una mujer y empezar a ser simplemente ella.

(333) Olivia


Ella iba en el taxi, no era demasiado guapa, pero sabía como sacarse partido. Sus ojos color miel resplandecían. El conductor no le quitaba ojo por el espejo retrovisor pero ella estaba ausente. Miraba la calle, atentamente, ladeaba su sonrisa mientras se alejaba del manto de otoño, de la gente y de los lugares por los que pasaba. Reconoció una pequeña y vieja librería, sacó de su bolso su neceser, miró por su espejo, sonrió, pintó sus labios carnosos de brillo y pellizcó sus mejillas. Llegó a su destino. Pagó al chofer, le miró, abrió la puerta decidida por que hoy sin duda era otro día, era su día. No era especialmente guapa, lo sabía , pero era feliz.


(332) Kenia


Las 7, las luces rojas del despertador otra vez. Levántate, haz la cama, cálzate,  ducha rápida, vístete,ve a las habitaciones,levanta a Mario , siempre le cuesta despejarse, llévalo al aseo, ¡déjalo!, ya tiene 6 años.Baja a la cocina, prepara el desayuno, suena la radio, desayuna en familia. Las llaves, ¿Dónde he puesto las llaves?. Vamos, vamos, llegamos tarde Mario. Déjalo en el colegio. Bésale, anímale  déjale. Y a trabajar. Llama a Marta, ella lo recogerá, nos hemos peleado pero ella lo quiere, y él a ella. Son las 3, come rápido, vuelta al trabajo. ¿Cómo está Mario? , bien, el día va bien. Termina el trabajo. Recoge el despacho. Vuelta a casa. Son ya las 9. Vaya día, estoy agotada. 

(331) Llegará


María miraba ausente el ordenador, junio había llegado con su agobiante humedad.
Escribía en la pantalla:”Últimos minutos y se cerrará la sesión virtual del ejercicio”. Debía revisar las redacciones antes del martes cuando se reunirían presencialmente en clase para comentarlas y concluir el curso.
Les había propuesto: “¿Cuáles  han sido los principales cambios en la relación entre hombres y mujeres en los últimos años?”.
Leía en silencio: “entonces había trabajos separados…, en puestos iguales cobraban diferente…, la dote sólo la pagaban las familias de ellas,…había institutos de mujeres…”
¡Qué lejanos veían los niños esos tiempos! ¡Y ella lo había vivido!
Recordó las palabras de su abuela  Mirta: “Todo cambiará, con educación y tiempo. Yo nací demasiado  pronto” y sonrió.

(330) Realidad


    Antes de que vuelva papá deberías cambiarte de ropa, esa falda tan corta que llevas no le gustará nada. Ya sabes cómo se disgustará.
    ¡Que sí, pesada! La falda siempre por debajo de la rodilla. ¡Jesús, qué cruz!
Rosa apaga el televisor. Le gusta ver esa serie ambientada en los años cincuenta que tan de moda está. Cómo han cambiado las cosas desde entonces, piensa. En los tiempos actuales las mujeres deciden por sí mismas, trabajan y se sienten valoradas; no como hace años. Mira el reloj y se sobresalta. Es muy tarde y Juan la avisó que vendría a cenar una hora antes. Se pondrá hecho un loco si la cena no está perfectamente dispuesta en la mesa.

(329) Elle


Amante esposa y madre. Trabajadora incansable dentro y fuera del hogar. Mujer de sonrisa perenne aunque en su alma albergue llagas de difícil cicatrización, producto de un pasado turbulento que afortunadamente logró asesinar...Así es Elle.

(328) Una mujer grande


Querido diario,
            Aquí estoy una noche más, viejas costumbres nunca cambian. Pero hoy no voy a hablarte de mí, sino de mi madre; mi querida y adorada madre. La persona que más me quiere en el mundo, la persona que me dio la vida. Ésta vida que tanto amo, gracias a ella. Porque ella es mi pilar base, mi principio y mi fundamento. Ella me sustenta en mis días más tristes y amargos. Pero también comparte mi felicidad. Mi educación, entera, se la debo a ella. De otra forma, no sería nadie.
            Soy hijo de una de las personas más bellas que habitan este planeta. Soy hijo de una mujer grande.

(327) Papel quemado


Vaya historia la vida. A veces tan grande como un folio y otras tan pequeña como un papel doblado en la cartera.
De nuevo se sentía perdida, desdibujada en la hoja de su propio libro. Igual ya era hora de aprender a amarse para no necesitar con tanto anhelo el amor libre de otra persona. De nuevo apareció ese vacío dentro de ella, donde su pareja no era capaz de entrar por mucho que golpeara.
Al fin, cansada del maltrato de no ser nadie, dejando atrás el destino que alguien inventó para ella decidió marcharse. Así que recuperó su libro de entre las cenizas y comenzó a escribirlo con la tinta de su propia vida.

(326) Una nueva oportunidad


¿A quién quieres más? A tu papá o a tu mamá. Solían preguntármelo cuando era pequeña. ‘Yo no tengo papá’, decía tímida mientras me escondía detrás de mi madre o de mi abuela.
Muchos años después, poco antes de morir, mi madre me confesó que mi padre seguía vivo. Me pidió perdón y me contó lo difícil que fue separarse de alguien que nos habría hecho tanto daño a las dos.
Él quiere verme, desde que ella se fue ha intentado que hablemos… Hoy puedo responder a aquella pregunta: mi madre lo dio todo por mí. Pero voy a dar una oportunidad a quien hace años no nos la dio a nosotras. Hoy voy a conocer a mi padre.

(325) Tu triunfo mi victoria


¿No me exime lo ajeno de una acusación directa? Son daños colaterales, cariño. Eso es. La  fuerza que guiaba todo lo que fuimos y queríamos ser me empujó desde un lugar remoto, desconocido. Alguien me arrastró hasta lo más detestable y burdo de mi ser, agarró mis manos a modo de títere y me obligó a poseerte. Me inhabilitó. En eso consistía el juego que empezaste, ¿no? Sólo uno se quedaría con el premio, así que aquí estoy, sentada en el sillón donde nos prometimos el mundo, triunfante mientras te observo  inerte, deshecho, y sin embargo tan lleno de vida. Tú ganas. Tu triunfo sí. Mi victoria, también.

(324) Epitafio


Hizo incluso más de lo debido. Fue una hija obediente y  complaciente, una esposa fiel y trabajadora y una madre abnegada, pero nada de esto fue suficiente para que sus padres la repudiaran, su marido la maltratase y sus hijos la despreciasen. Después de su  suicidio todos la echan de menos. Descanse en paz y por fin sola.

(323) La llamada


Contemplar su rostro marmóreo, y besar su fría piel, me devolvieron a la realidad, había fallecido.
Nunca besar a una madre estuvo tan lleno de vacío, era un adiós sin vuelta de hoja, el resto estaba de más.
Con serena sonrisa sintiendo mi alma partirse en dos, me despedí hasta nuestro reencuentro. La ayude a irse serenamente, como tantas veces atrás ella me había ayudado en mi vida y es que no hay nada más grande que el amor de una madre.

(322) Deserción del amor


He guardado el traje. Me retiro. Descubrir que mis poderes estaban en decadencia y que sus efectos, no solo eran mas débiles, sino que además empezaban a ser destructivos, ha sido demasiado. Estos años han sido gratificantes pero todo tiene un pago.
Desde mi escondite espero para ver si el mundo puede arreglárselas sin mi.
Sorprendentemente después del caos inicial de mi deserción , salgo  para comprobar que mi pareja se enfrenta a sus malos días con voluntad y paciencia, que mis hijos asimilaban sus frustraciones con valentía y mis jefes y compañeros de trabajo descubrían por fin, como una sonrisa era capaz de vencer cualquier dificultad por grande que sea.
El mundo ya no necesita heroínas.

(321) El director



Al verme entrar, todos se callaron.  Crucé la sala de juntas y me dirigí hacia la cafetera.  Seguramente escuchaban a Carlos fanfarronear sobre sus conquistas, pensé mientras me servía un café.  Pero me equivocaba…
-¿El jefe se jubila?- preguntó Martín.
-Sí-contestó Carlos- Pero aún no es oficial.
Carlos se creía el protegido del director y por ello, candidato a sucederle.  Adicto al poder y la intriga, se sentía superior a sus compañeros de oficina.
-Ya que estás haciendo café, hazle uno a tu nuevo jefe- me ordenó Carlos.
En ese momento entró el actual director. Su mirada se fijó en el grupo de hombres y luego reparó en mí.
-¡Os presento a la nueva directora general!-anunció.

(320) De mujer a mujer


Hoy me siento mujer…  Ayer tan sólo fui hija y quizás mañana seré abuela de la vida…
Mujer… que intento disfrazar de efímeras sonrisas mi azul mirada y alimento de falsas ilusiones mi frágil alma.
Mujer… que adorno mis castaños cabellos y así pretendo engañar al tiempo.
Madre… que perdono a mis hijos por tanto sufrimiento, ahogando mis gritos en el más callado silencio.
Mujer… que saboreo los caprichos y sinsabores del destino, y aún así, te digo que no te detengas en el camino de la vida.
Madre… que sueño con alguien que me regale un beso certero.
De mujer a mujer, hoy desnudos mis sentimientos…

(319) Femenina y singular


Cuando nací, descubrí enseguida que había sido niña y mi alegría, en ese momento, fue inmensa.
Supe de mi  suerte, pues con el tiempo, tendría la fortuna de convertirme en mujer.
Me alegré al pensar, que tendría mis propios hijos, nacidos de mi vientre, como yo acababa de salir del de mi madre.
Me sorprendió que, mi condición de hembra de mi especie, me fuese a acarrear alguna que otra desventaja en la vida, pero eso me haría más fuerte.
Celebre con un grito de felicidad la dicha de haber nacido femenina y singular.
Le hice un guiño cómplice a la matrona y ella, sorprendida, me respondió con una amplia sonrisa y me entrego a los brazos de mi madre.